fotografía realizada por Mireia

miércoles 18 de noviembre de 2009

R.I.P.

ATENCIÓN:

Yann Tiersen ha muerto. Primero fue Dios, después el autor, el arte, el hombre... ahora Yann Tiersen. La humanidad está perdiendo la poca credibilidad que tenía...

resistamos.


QUEDA TOTALMENTE PROHIBIDO HABLAR DE YANN TIERSEN.

sábado 31 de octubre de 2009

REQUIEM

Hoy me he escuchado. Entre latigazos de un corazón rebosante de vitalidad y pulsos morales, he visto una pequeña confesión de muerte.

Cuando me miro, normalmente, te veo en el sofá de una casa que aún no existe. A veces te veo cerrándome una puerta. Me veo gritando sin ti. Me veo rabiosamente tuyo, dentro tuyo. Me veo solo y drogado. Me veo solo y feliz. Me veo besándonos y a los pequeños sobretodo -por ti-.

Pero hoy ha sido diferente, hoy me he escuchado y he visto todo negativo: soy un enfermo moral -mental-. Soy un enfermo autodestructivo y, a veces, sufro brotes psicópatas -me da por querer dominar el mundo-. Tengo cambios de temperamento y mato mentalmente. Mato a los que no les gusta lo que me gusta, a los que no saben eso o aquello. A los que no vibran con Migration of Spirit. A los que no entienden. Estoy enfermo porque me gusta verme sufrir obligándote a darme detalles sudorosos. Porque me duele la barriga cuando sufro de envidia o celos.

Quiero seguir así, quiero morir así -de ahí viene dicha confesión-. Porque sé que si estoy enfermo tú me cuidarás. Es tu gran genio, tu gran talento. Y como estoy enfermo de todo esto, por extensión soy egoísta. Así que me quiero morir así de enfermo -y de egoísta- para tenerte siempre cerca.

viernes 16 de octubre de 2009

aPologia: de girasol a sol

Si el concepte de bellesa té una cara eterna i atemporal, si realment l'estètica no està sempre lligada a un discurs cronològic, si existeix un patró de bellesa, una idea de bellesa, si és realment veritable i bona, si és el sol que ho il·lumina tot a fora de la caverna, tu ets el més semblant a la bellesa que he vist mai.

Perquè tu ets tan bona, ets tan atemporal que fas que l'amor transcorri de manera natural. Perquè també ets veritable -ets la veritat- i qualsevol home decent s'enamora de la veritat. Tothom amb dos dits de front anhela la veritat, la vol fer seva. I sóc jo, i només jo, qui coneix que ets així, que ets això. Però estic segur que tothom seria capaç de trencar les cadenes i sortir a comprendre't, sortir a fora de la cova; tothom es deixaria cegar per tu.

Et busco en els filòsofs, en els poetes i en els músics. Encara que estiguis sempre amb mi, no vull que se m'escapi res, et vull conèixer del tot, vull fer de tu la terra promesa, la metàfora de l'inesgotable recerca, el moviment continu de l'esperit i de la ment.

Per mi ets. I, creu-me, ser, per molts, ja és un gran dilema.

viernes 9 de octubre de 2009

alternativa

esta noche no habré ido a París





pero he estado con Miles, Coltrane, Bill, Paul y Jimmy.

no está tan mal...

no, Bird?

sábado 3 de octubre de 2009

decepción

el otro día vi que te llevaste una gran decepción.

el mundo puede llegar a ser muy decepcionante. la gente, mientras se deja arrastrar por los caminos más hedonistas y, a la vez, por caminos fáciles acaba idolatrando y reflejándose con maltratadores, con racistas, con fascistas...

o los dioses son misántropos o no tenemos mucho futuro.

tú mejor que nadie sabe para qué nacen las especies, y esa respuesta tan vacía nos tiene que obligar a pensar.


la gracia es seguir amando a la gente a pesar de todo... porque si tú dejas de amarlos, un pilar de filantropía se me habrá desmoronado y ya no sabré en qué creer.

jueves 17 de septiembre de 2009

angustia de tormenta

Hoy esperaba la tormenta. He estado sentado en la terraza viendo como el cielo se ponía de acuerdo, se organizaba para llover. He estado en la silla con un hilo de música muy tenue. Una hora y media después de ver como las nubes se agrupaban y discutían, viendo como empezaban a gritarse, he avistado encima del mar el primer rayo. El primer trueno. La lluvia.

He cerrado los ojos, mientras una racha de aire caliente me abofeteaba y la ciudad aguantaba la respiración conmigo.

Nunca había esperado así la lluvia. Necesitaba tanta agua. Necesitaba sentirme entre cortinas de gotas, impregnado del ritmo aleatorio y natural que el cielo decidía.

Pero al empezar a caer, al empezar lo que debería haber sido agua purificadora -clara herramienta con la que despejar este sentimiento tan macabro que me entorna esta noche-, he sentido que algo no iba bien.

Efectivamente, después de treinta segundos de chaparrón implacable y falto de piedad, el cielo se ha agrietado y ha dejado de llorar. De una sacudida, con un rayo cesante y un trueno arrollador he escupido el caramelo que ya se deshacía en mi boca.

Mierda.

Después de ese gesto apoteósico todo se ha reducido a algún rayo -con su correspondiente respuesta sonora- y alguna gota aquí y allá. Pero no ha llovido. Mienten si dicen que ha llovido. Nada me ha servido como lluvia. Nada me ha satisfecho. Hoy odio los truenos y hoy me escondo debajo de las sabanas para evitarlos y evitarme. No tiene sentido si cuando llueve, ocurre esto. Nada de todo esto me merezco si quiero vivir así. No quiero haber esperado algo que se ha resuelto de esta manera.

Espero la lluvia aún. Quiero que llueva. Nadie se atreve a afirmar que ha llovido esta noche, porque lo único que siento es que estoy más sucio.

carta a un completo desconocido II

Querido compañero

(...)

Vivir es más grato que todo lo demás, vive y déjate de historias autodestructivas, porque la autodestrucción es lo fácil y, créeme, todos podemos hacerlo. Encuentra motivos por los que seguir queriéndote. Los tienes. Muchos tendrían tanta envidia si te vieran tan entero, guapo y juvenil. No nos jodas con tus historias de ciego, queremos oírte reír. Te quiero oír reír. Muchos te quieren, muchos darían mucho por ti (ella también), estoy seguro. Hay algo que me hace entenderte, y por eso me cabreo. Yo me creo lo que me cuentan de ti, me lo creo desde el primer momento, pero chico, actúa, demuéstralo en cada momento.

Y todo esto es porque me preocupas,

no, mejor, porque me importas,

aun ni yo sé del todo por qué.

jueves 20 de agosto de 2009

taxi

Con un ojo cerrado mido desde el taxi las farolas y los semáforos con el dedo índice y el pulgar. La ciudad se me hace eternaregresandoacasa por la noche. Eterna, proporcionalmente vinculada al nivel etílico.

Recorro de nuevo mi memoria y corroboro que efectivamente,

ningún

libro, nada que haya leído u oído habla de nosotros.


Absolutamente ningún alrededor nos tiene escrito en su coraza. No tengo ninguna pista de cómo será. Me da un tanto de miedo.


Me da un tanto de placer pensar que de nuevo, estamos creando. DE NUEVO SOMOS LOS QUE INNOVAMOS.

y nadie lo entiende.

esa de allí, la de los pantalones apretados, esa tampoco lo entiende. Y la carne y la carne y la belleza y la belleza...









ya no tengo miedo a la belleza.







No me gusta pensar más allá de esta noche, de ahora y tal, ya sabe todo el mundo. Pero es extraño que nada se refiera a nuestra historia en cuanto a su desarrollo, en cuanto al futuro.

Los árboles de Barcelona no son baobabs y mi casa no tiene gárgola ni Naimas ni tanto sexo. Nada me señala cómo te besaré dentro de un tiempo. No tengo ni siquiera una especie de trato en sangre que temiblemente me fije a ti.


De lo único que estoy convencido, es que ahora quiero besarte.


Así que me centro en el taxímetro y me limito a sufrir por otra cosa más mundana, más factible.

martes 18 de agosto de 2009

El otro día te vi escondida detrás de un campo de girasoles. Estabas estirada y aguantabas la respiración.


Ya sabes que a mi nosemeescapauna.


Haz el favor de dejarte ver, nuestras vidas dependen de ello.

viernes 14 de agosto de 2009

detalle

Eran las tres y media de la madrugada y Pauline abrió la puerta de su apartamento lentamente, evitando que la madera actuara en consecuencia kármica e hiciera el ruido habitual. Cruzó el pasillo hasta la cocina y se sirvió un vaso de agua. Respiró tranquila. El agua siempre le limpiaba la garganta de amargura. Dejó -junto con la cazadora- parte del olor su olor a tabaco en la silla del comedor, de camino al dormitorio. Desde el punto donde se encontraba se veía la cama y los pies apagados de Julio: no se había despertado. Entró casi flotando y pasó rozando las sabanas, directa al baño.

A pesar de tener un sueño ligero, Julio no se había percatado de la llegada de Pauline. Mientras el seguía durmiendo -inocente, conmovedor- ella se estaba lavando las manos; en el ascensor se había dado cuenta que aun le olían. Se las lavaba con esmero, como si de eso dependiera su higiene moral. Después se cepilló los dientes. Se acostó en la cama dando por hecho que no podría dormir. Pero se durmió.

“La moral no siempre actúa de manera coherente: la moral y la lógica no siguen caminos paralelos” Es el típico comentario que ella misma hubiera puntualizado si le hubiera tocado comentar lo ocurrido. Pero se durmió.

En ese momento Julio se despertó. Miró a Pauline, tan quieta y tan lejos. Estaba dormida hacia él. La vio triste. Su boca estaba ligeramente abierta y sus labios se confesaban inquietos. Tantos niños acurrucados viendo esos labios, tan preciosos, tan reconocibles aunque volátiles. Los niños siempre la miraban y mostraban amor adulto. Pauline despertaba algo que una vez activo, se volvía tenebroso y temible -por su profundidad y complejidad-. Era algo extremadamente difícil de escribir y muy adictivo.

Antes de estar con ella, Julio no se había atrevido nunca a cuestionarse su futuro con una mujer más allá de las Navidades. Es algo aterrador para cualquier ser humano con sensibilidad. Pero con Pauline había sido diferente. Ella le había dado tanto -tanto miedo de ausencia, tantos malabarismos sentimentales, tanta credibilidad, tanto placer y tantos etcéteras- que por motivos de básica supervivencia emocional tuvo que entrar en esa dinámica de temor temporal. Y temor personal.

Pauline estaba extraña, tenía una pose poco corriente. Con menos ya solía desvelarse. Y en el proceso de alejamiento involuntario del sueño -en el que cada sentido se despierta poco a poco: primero el oído y la vista, luego el tacto y el olor, y por último el sabor- Julio notó el olor a tabaco. Imaginó -otra señal de desvele: la imaginación- el paquete de Golden Virginia en la mesilla de noche, dentro del cajón. El mechero estaba en el salón, junto al papel de liar y las boquillas. Se levantó cogió el tabaco y salió al salón a fumar.

Cuando Julio entraba en el mundo de los despiertos difícilmente podía volver a dormirse. Solía seguir un protocolo que en vez de combatir el insomnio, lo retroalimentaba. Se liaba un cigarro y ponía Far Wes de Wes Montgomery o algo de ese estilo. Respetando el sueño de Pauline, bajaba la música hasta un nivel solo audible en esos momentos de la noche, cuando todo está tan callado que por un momento suele pensarse que uno es el único despierto de la ciudad. Después de estar un rato intentando calibrar el sonido a un grado adecuado, escogía uno de los libros del final de la estantería –seleccionados para las horas de lectura nocturna-. Acompasaba la respiración al ritmo del swing West Coast -ese gesto involuntario que jamás se consigue del todo: el jazz no está hecho al ritmo de la biología humana y todas las canciones van o más rápidas o más lentas que el ciclo respiratorio-.

Julio pensaba que la noche tenía otra temporalidad y por lo tanto que las acciones sucedían a un tempo brutalmente libre y, en consecuencia, las canciones no sonaban igual. Le gustaba leer de noche. Le gustaba escribir de noche. Le gustaba hacer el amor con Pauline de noche. Julio sentía que la distancia entre el primer beso que se daban -ya en la cama, ya sin ropa- y el alba, era relativa: un amasijo de horas ligadas al tempo subjetivo y, por lo tanto, maleables.

Pero esa noche Julio no completó su ritual. Al salir al salón detectó un olor a tabaco sucio. A tabaco ajeno. No le gustó nada que ese fuerte olor manara de la chaqueta de Pauline. Dejándose llevar por la intuición, se sentó en la butaca, sin ganas de leer, y mientras se liaba un cigarro, se preguntó cómo le habría ido la cena a Pauline. Había quedado con un amigo de toda la vida. Qué se habrían dicho. Cómo se habrían mirado. Este tipo de preguntas brotaban de una sensación que tenía Julio, medio sadomasoquista, y se regodeaba en unos celos profundos y silenciosos. Pero esta vez tenía un gusto raro en la boca; algo vital rondaba la casa y Julio se provocó la angustia pertinente a lo del olor a tabaco.

Pauline no solía abusar del tabaco. Pauline solo fumaba cuando bebía. Julio estaba aterrado. Pauline estaba tremendamente graciosa y cariñosa cuando bebía. Julio se empezó a hacer daño. Estaba exageradamente despejado. Decidió ir a la cocina y servirse un vaso de cualquier cosa. Decidió ir a oscuras.

Fue cuestión de segundos que se despertara. Asustada se levantó y corriendo fue a la cocina, donde Julio barria el desastre. Pauline vio la botella de Gordon’s y la cara de Julio. Le hizo una señal, para que se acercara a ella. Julio dudó un instante, pero accedió a abrazarse a ella.

“Tengo una sensación rara esta noche” dijo Julio, como adelantándose a la tormenta. De repente Pauline empezó a sacar unos goterones del lagrimal que hicieron fallecer a tres o cuatro personas a la vez en el hospital más cercano. Además se heló la cocina. “¿Me quieres?” “Claro, Paule. ¿Qué, dime qué pasó?”

Esa noche poca gente se enteró de la luz que salía por la ventana del dormitorio. Era un color único, tan subjetivo, tan permeable: esa noche hicieron el amor como si sus vidas dependieran de ello.